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Las técnicas de estudio y las pausas

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Entre las técnicas de estudio que solemos leer frecuentemente no citan los tiempos y pausas recomendadas para estudiar, cuando creo que son fundamentales en el aprendizaje.

La gente estudia siguiendo patrones de otros y es cuando empiezan los problemas o incluso no nos damos cuenta que los tenemos. Achacamos nuestra falta de concentración a múltiples motivos: desmotivación, no aplicar correctamente técnicas de estudio, malos apuntes, sueño, etc. pero nunca dudamos de nuestros ciclos de estudio, o sea, de cuando saber estudiar y cuando descansar.

Hay gente que puede pasarse horas estudiando sin realizar ningún descanso, sin embargo, otros necesitan realizar pausas continuamente. No existe ningún ciclo universal para todo el mundo, cada persona tiene su propio ciclo de estudio. A continuación vamos a intentar darte algunas pistas para que descubras cuál es el tuyo.

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Estos son los factores que tenemos que tener en cuenta para saber cuándo estudiar, durante cuánto tiempo y cuándo descansar:

¿Eres buho, alondra o colibrí?

Cada persona tiene un ritmo circadiano. ¿Qué es un ritmo circadiano?  Es básicamente nuestro forma de adaptarnos a los ciclos biológicos, ambientales. La energía que tenemos en cada momento del día de forma general, no en circunstancias puntuales, es nuestro reloj biológico.

Por aclararlo más, hay tres tipos básicos: buho, alondra y colibrí.

Alondras: suelen madrugar mucho y se levantan frenéticos y llenos de energía, a medida que va entrando la noche se empiezan a apagar. Su cronotipo es temprano y corresponde aproximadamente con un 10% de la población. Su máxima productividad es a principio del día.

Buhos: Son más productivos a partir de las siete de la tarde y aumenta a medida que avanza la noche. Les gusta trasnochar. Su cronotipo es tardío y corresponde con un 20% de la población.

Colibrís:  Y otros son un híbrido entre búho y alondra, su ciclo es noche-día y algunos se acercan más a búho y otros a alondra. Corresponde con un 70% aproximado de la población.

Índole de la materia estudiada

Si la materia a estudiar es afín a ti, de las que te gustan y muestras interés, es obvio que puedas mantener más tiempo el foco estudiando. Sin embargo, si no ocurre así, entonces deberás dejar este tipo de materias, donde tu capacidad de retención se resiente, para tus mejores momentos del día. Debes identificar en qué momento del día te encuentras mejor: alondra, búho o colibrí y la hora concreta de tu máxima productividad para encajarla.

Presentación de la información

Otro punto a tener en cuenta es la forma de presentar la información. Si la información es visual, su asimilación es más sencilla, requiere menos esfuerzo, por tanto, nuestro cerebro consume menos gasolina y es capaz de aguantar más tiempo. Sin embargo, si la información no está estructurada de ninguna forma (radial, esquemática o de alguna forma conceptual), sino que son moles de bloques de líneas, entonces deberás acortar tus tiempos de estudio.

Aunque parezca obvio todo lo anterior, muchas veces yo mismo me veo intentando terminar de estudiar un tema por cerrarlo cuanto antes, pero he acumulado cansancio y no puedo con él. Lo termino de aquellas maneras pero con una retención pobre. Me he autoengañado por querer terminar cuanto antes. Debería haber descansado, y continuado. Incluso habré invertido más tiempo estirando el momento, que si hubiese descansado y continuado.

¿Cuándo tienes mejor memoria, cuando calientas o en frío?

La memoria o capacidad mnemónica no permanece igual durante toda la sesión de estudio. Tiene altibajos, algunas personas tienen mejor memoria al principio, después de descansar, cuando están fríos. Sin embargo, otras personas mejoran la memoria después de haber estado un rato ejercitándola, luego se va perdiendo de nuevo.

La comprensión y la retención tienen distintas velocidades

Aunque se confundan, son dos cosas distintas y no avanzan de forma paralela. Podemos estar estudiando muchas horas con la capacidad de comprensión constante, sin embargo nuestra capacidad de retención  no se ha mantenido. Esto suele suceder cuando leemos algún libro, seguimos perfectamente el guión, lo hemos entendido perfectamente, pero, de repente, sale el nombre de un personaje del libro y ya no sabemos con certeza quién es. Debemos retroceder varias páginas para comprobarlo.

Al igual que los puntos anteriores, no hay fórmula mágica, ni procedimiento universal para saber qué velocidad tiene nuestra capacidad de comprensión y retención. Debemos estudiarnos. Hay gente que su capacidad de comprensión se mantiene y la retención se va perdiendo a medida que avanza la sesión de estudio, la mayoría. Sin embargo, en otras personas ocurre al revés. Su mayor retención aumenta con el paso del tiempo. Y otras personas es a mitad de la sesión de estudio cuando peor retención muestran.

Lo que sí está claro, que la velocidad de retención está supeditada a la de compresión. Si no se está comprendiendo el texto, difícilmente lo vamos a retener. Pero, repito, no quiere decir que tengan la misma velocidad, sólo que una no existe sin la otra.

¿Cuándo hacer pausas o descansos al estudiar?

Aclarada que la pareja comprensión retención tienen velocidades distintas, nos tenemos que fijar en obtener el mejor rendimiento de ambas, por tanto debemos intercalar los descansos en las sesiones de estudio o aprendizaje e ir tomando notas de nuestras sensaciones. Así iremos cogiendo el pulso a nuestro marcador biológico de comprensión-retención y su duración.

El plazo más común que se ha estudiado como tiempo aceptable de una sesión de estudio ronda entre los cuarenta y sesenta minutos, complementado con pausas o descansos de cinco a diez minutos.

Existe una técnica muy conocida relacionada con los ciclos de estudio llamada técnica pomodoro. Que consiste en sesiones de estudio de veinticinco minutos y descansos de cinco minutos. Hay una auténtica campaña detrás de esta técnica, desde temporizadores con forma de tomate, cursos e incluso certificaciones bajo un módico precio 😉

Personalmente, no me convence esta técnica, en mi caso los descansos de cinco minutos, salvo raras excepciones, siempre se me alargaban, ya que cualquier actividad que quisiese encajar para relajarme ese ratito se me escapaba de tiempo: escuchar una canción, prepararme algo para picotear, darme una ducha. Luego las sesiones de veinticinco minutos se me quedan muy cortas para acometer determinadas tareas. Me obligaba a detener sesiones cuando estaba en pleno flujo creativo o de retención. Desde luego, y sólo puedo hablar personalmente, estas sesiones  no se adaptaban a mis ritmos y la deseché.

Aunque tu deber es probarla ésta y otras, debes ir rotando y volviendo a probar, anotando tus sensaciones en un cuaderno de notas, en Evernote o donde sea, para luego repasar y comprobar si hay coincidencias en: las horas de máxima productividad, en los ciclos de estudio, en las pausas o qué circunstancia se ha repetido que puedas constatar que notaste mejora. Cada persona es un mundo, pero nuestra labor es conocernos nosotros para dar lo mejor de cada uno. ¿Y tú cuál es tu ritmo de trabajo o consejillo?

Escrito por Natalia y Marcos

Marcos y Natalia se dedican a enseñar otras formas de aprender mucho más creativas y visuales que las que nos enseñaron en la escuela. Además también ayudan a otros padres a desarrollar el potencial de sus hijos y sus inteligencias múltiples mediante juegos con su otro proyecto juegayestimula.com

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